viernes, 6 de febrero de 2026

El fin de la existencia

 


Imaginad que un día abrís los ojos y comenzáis a existir. Así, sin más, como me pasó a mí. La existencia comienza antes de que abráis los ojos, antes incluso de que tengáis los ojos. La existencia empieza antes de que seáis fetos, antes de que vuestros padres comiencen a tener relaciones sexuales, antes de que se planteen vuestra existencia. También antes de que existieran vuestros propios padres o abuelos. La existencia de cada uno comienza con la existencia del mundo. ¿Y la mía? La mía comenzó tras el desvanecimiento de... ¿Puedo llamarlo padre? Más bien mi antecesor, la Fuerza Mayor que rige el mundo; no que lo creó, pero sí el sucesor, del sucesor, del sucesor, del sucesor, del sucesor, del sucesor, del sucesor, del sucesor que lo creó. Tu existencia comienza con el primero de mis antecesores; el mundo fue creado por él. No sé qué había antes de su existencia, ni lo que habrá después de la mía. No sé mucho más de la existencia, sólo conozco el gran trabajo de mi primer antecesor, y yo he de continuarlo. Él creó vuestra existencia.

Configuró durante millones de años vuestro mundo, colocó cada pieza, situó cada suceso, creó La Historia. Diseñó las consecuencias de cada acción, todo tal y cómo debería ocurrir. Dispuso y predispuso moldeando el ADN, la naturaleza, la materia… todo. Tras tal titánica tarea su cuerpo se desvaneció, pero un nuevo recipiente fue moldeado con su conciencia. El Plan ya estaba desarrollado, sólo había que mantenerlo todo activo para que ocurriera como fue diseñado. El trabajo que yo he de continuar.

Y así comencé a existir yo. Abrí los ojos y allí estaba, frente a una pequeña esfera violeta que proyectaba imágenes. Miré más allá de ella y continué moviendo cada pieza para continuar el discurrir de la vida. Yo me aseguraba de que todo funcionase según la programación, de corregir cualquier error. Dicho así podría parecer más un trabajo informático como el que realizáis vosotros que un trabajo místico, como lo llamaríais vosotros. Ni informático, ni científico ni místico es lo que hago, pues me temo que ningún nombre tiene para vosotros, ya que no comprenderíais nada de esto con vuestro entendimiento. No os sintáis mal, el primero de los míos así lo quiso.

Sois creaciones poderosas y, a pesar de vuestro corto entendimiento, a veces vuestro pensamiento os hace peligroso. Más de uno habéis estado a punto de saliros de vuestra programación, pero ahí estábamos nosotros para evitarlo, pues un leve cambio daría al traste con El Plan.
Las dudas son parte de El Plan, pero un pensamiento excesivo, un razonamiento que se sale de lo previsto puede llevar a una decisión equivocada para El Plan. Creéis que tenéis dominio sobre vuestra vida, pero no es así. Claro, que no lo podéis saber, pues eso os sumiría en una gran crisis existencial y de identidad. Os destruiría. Pero si supierais que tomando una decisión para la que no estáis programados podéis saliros de El Plan, destruiríais el mundo que os hemos construido.

Pasa eso a lo que llamáis tiempo creyendo que tomáis decisiones, creyendo que nada tiene sentido, sufriendo por tragedias y desgracias. ¿Por qué esa muchacha ha caído por aquel acantilado? ¿Por qué tanta gente ha muerto en esa masacre? ¿Por qué un árbol ha caído sin previo aviso aplastando a aquel niño? ¿Por qué tanto dolor entre tanta trivialidad? Por El Plan. Y, ¿qué es El Plan? Yo no lo sé. Sé cómo es El Plan, sé a dónde lleva El Plan, pero no sé por qué existe El Plan. Ejecuto, porque para eso fui creado; por ello existo. Y entonces, comprendo. O, mejor dicho, dejo de comprender. O comienzo a comprender que nada comprendo. Os miro, los primeros seres humanos que consiguen ver El Plan y con los que me comunico. Pensadores y científicos que han abierto un portal hacia el mundo de sus creadores, que me miran a la cara y me preguntan por el sentido. ¿He fallado al permitir que conozcan la verdad del destino, de El Plan? No. Pues estaba dentro de la programación del primero de nosotros que esto ocurriese. Yo mantuve El Plan en marcha, me aseguré de que las decisiones de estos hombres y mujeres les llevaran hasta este momento siguiendo el camino marcado por el primer creador. Y aquí nos hallamos, ante una paradoja. Una paradoja planeada por él: la paradoja de la existencia para creadores y creados.

¿Qué he de hacer? ¿Qué dice El Plan? El Plan sería desbaratado si las piezas que son los humanos descubrían El Plan, pero parte de El Plan era que lo descubriesen. Soy yo, el actual sucesor del creador de El Plan, quien debe decir hacia dónde va El Plan. Pues hasta aquí llegaba su plan. ¿Planeaba la destrucción del mundo y, con ello, de El Plan? ¿O es que El Plan era la destrucción del mundo? ¿Con qué fin?
El conocimiento del destino, de la ausencia de libertad, llevaría a los humanos a la locura. Pero, si al descubrir dicha ausencia de libertad se les permite ser realmente libres, podría haber esperanza. Aunque, si los humanos toman decisiones libremente, sin un plan, puede ocurrir un desastre. Las desgracias seguirán ocurriendo, pero ahora sin motivo alguno. Antes, las desgracias parecían injustas y sin motivo, ahora lo serían. La falta de entendimiento producía dolor ante lo inevitable, ahora el dolor se multiplicará, pues se sabrá a ciencia cierta que la desgracia ha ocurrido por nada, fruto del azar.

Claro que, todo lo que ha ocurrido hasta ahora para mantener vivo El Plan ha sido para ofrecernos el libre albedrío a mí y a los seres humanos. ¿No hubiese sido más fácil habérselo dado desde el principio, creándolos sin una programación? ¿Acaso la programación inicial era necesaria para que, en el futuro, pudiesen continuar con lo aprendido? ¿Programar hasta el más minucioso detalle era importante para conseguir que este grupo de personas abriese un portal hasta nosotros, creadores y configuradores?

Tome la decisión que tome, ¿qué será de mí? Conservo en mi mente una milésima parte del primer creador, por eso no entiendo su plan y sólo lo ejecuto. Pero, en cambio, conservo con claridad el recuerdo de mis últimos antecesores. Vivieron mucho menos que los primeros, pues cada vez soportaban menos el dolor humano en pos de El Plan. Al inicio, como yo, ejecutaban sin remordimientos y lamentándose por el frágil corazón y cerebro humanos. Pero, finalmente, empatizaban, se desgastaban y acababan deshaciéndose hasta que se formaba el siguiente. Conocía esa sensación, pero ahora la comprendo, pues la experimento mucho antes de lo que esperaba. Ya no sólo empatizo con el dolor humano, lo siento. Siento esa desazón que produce la duda, la ignorancia, el miedo. ¿Qué soy? ¿Quién soy? He manejado las vidas de la humanidad durante años y tengo sus mismas dudas. Curioso. Sé que vengo del primer creador, pero ¿de dónde vino él? ¿Cómo surgió su idea de El Plan, de esta paradoja? ¿Pretendía entender la existencia creándola y liberándola? ¿Observa desde algún sitio en este instante? ¿Tal vez desde algún rincón de mi mente?

Cada pieza de El Plan está perfectamente engrasada, las decisiones que tomáis tienen que ver con vuestro contexto y ADN, todo manipulado por nosotros. Una parte de vuestros tátara tatarabuelos y sus decisiones está en cada uno de vosotros, ergo una parte del primero de nosotros está en mí. ¿Puedo continuar El Plan? No, pero puedo crear mi propio plan. Podría permitir que crearais vuestro propio plan, humanos. Sólo me diríais y yo ejecutaría. Vuestra mente, claro, no podría trazar un plan tan inmenso y minucioso, y mucho menos sin errores. Vosotros no sabéis nada de la existencia, aunque nos hayáis encontrado. Tampoco sabéis qué pasa al morir, qué sentido tiene todo. Por lo tanto, no tenéis derecho a decidir qué pasa con cada uno de vuestros congéneres.
Lo cierto es que yo tampoco sé nada sobre eso. Ahora estoy como vosotros, así que tampoco tengo ningún derecho sobre vuestras vidas. Sólo tenemos derecho a tomar decisiones por nosotros mismos y para nosotros. Inevitablemente, todas nuestras decisiones repercuten en otros, pero ¿a dónde llevarán ahora que no hay plan? Al mismo sitio, pues nunca ha habido otro plan que el de comprender que no hay plan, que no hay comprensión posible de lo que no tiene explicación. Vidas conectadas que llevan a diferentes desenlaces. Caminos que dificultamos o facilitamos para llegar a un final placentero o doloroso. No hay final feliz para la humanidad ni cataclismo, sólo una dolorosa verdad liberadora.

Comprended, pues, que nada importa más allá que vuestra vida y vuestras decisiones. Decidid adorar a Dios o darle la espalda, decidid sabiendo que nada os guía más allá de vuestras convicciones y deseos. Tenéis la semilla de la creación y la destrucción, de la decisión y la duda. Sembradlas como Él las sembró. No era un dios, no era un ángel ni el universo hablándoos, sólo un ser con vuestras mismas características que os sembró como alguien le sembró a él. Él decidió crearos para entender la existencia y para que nosotros la comprendiéramos. Vivid como creáis que debáis hacerlo. Incluso si queréis seguir viviendo buscando otra explicación a la existencia que la que hoy se os ha dado, porque eso es existir. Y mientras existáis todo irá bien, incluso cuando parece que no es así. Y es que en la existencia convergen múltiples posibilidades más allá del dolor y la desesperanza. La existencia está llena de luces y sombras que se entrelazan y que van más allá de la muerte, pues la muerte no es el fin de la existencia, es una parte más de ella.

Mi cuerpo se deshace, mi misión ha terminado: la del último sucesor del creador de El Plan. Mas no lo lamentéis y recordad que esto sigue siendo parte de la existencia. Aunque mi conciencia heredada de mis predecesores se diluya, ha entrado en contacto con la vuestra. Sois sus nuevos portadores, los que mantienen mi existencia más allá de mi fin, del fin de este relato que calará en más humanos. Recordad que el fin es parte de la historia, consecuencia de su inicio e inicio de un futuro que todavía debéis experimentar. Recordad, de este modo, que el final corrobora la existencia del sentido de la existencia.